Dinero

Disclaimer. Esta es primer artículo de mi columna, la cual apareció en el primer tomo de la Revista Reportaje en diciembre de 2012.

 

 

En una mesa de libros usados, un padre le decía a su hijo –“No los agarres, quien sabe quién más los haya agarrado”. No resistí preguntarle al padre – “¿Cómo le dices con los billetes?”

El dinero es una creación mental, es creación humana. No hay ningún otro ser viviente que le otorgue valor a algún objeto inanimado y utilice conchas, metales o papel como “depósito de valor” en algún complejo sistema de intercambio social. No existe ninguna Mano Invisible ni Acto Divino donde se usa dinero. El sistema monetario es un sistema lógico donde todo lo que ocurre es perfectamente explicable.

El dinero también es un “bien público” donde todos lo aceptamos como intercambio de bienes y servicios reales. Dirige nuestras actividades cotidianas.

Lo que la gente necesita entender es que nuevo dinero es fabricado todos los días y que aquellos con el poder de maquilarlo deben ser vigilados, regulados, para asegurarse de que estén fabricándolo para beneficio de todos y no solo para su propio enriquecimiento.

Roosvelt, en la Gran Depresión estadounidense, sabía que no había que dejar en manos de especuladores el control de su mercado de dinero, ya que lo usarían para hacer apuestas irreales en vez de hacer inversiones realistas, es por esto que formuló y aprobó sus reformas financieras en la década de los 30’s.

No hay que olvidar ese fue el primer país que dejó de respaldar su moneda corriente en metálico, iniciando con la maquila del billete verde de forma industrial, estableciendo su valor “a la palabra”.

La educación básica, pues, debería incluir la enseñanza de cómo se crea el dinero, o cómo es que la riqueza sale en pliegos, se corta en trozos, se amarra en fajos y cómo es que se distribuye. Sin embargo, este bien social, ¿debe ser explicado como una comodidad para proporcionar satisfactores, la mango del sartén en la convivencia social, o un símbolo de status?

¿Cómo aproximarnos a aquellos de mochila al hombro que deambulan con audífonos conectados a sus electrónicos de última generación y un mapa mental de lugares con internet gratis, mientras eligen entre pagar transporte, alimentarse, o comprar tiempo aire con el dinero en su bolsillo?

Es muy irónico leer twits diciendo ‘No traigo para el micro, alguien que me dé raite a la escuela’ escrito en un celular que vale lo mismo que un carro pequeño.

¿Cómo cambiar la ideología de los que crecieron en las filas de tres horas los fines de semana para cruzar la garita de San Ysidro para presenciar cómo el papá se acababa la quincena en 4 horas con singular frenesí aspiracional?

Da miedo saber que el tipo que te pide prestado a media semana porque ‘fue al otro lado y se gastó la quincena con una tele que estaba en especial y no lo llevaba contemplado’, tiene personas que comerán dependiendo de sus habilidades para administrar el dinero.

¿Es válido reírse del tipo que luce su chamarra de cuero rojo y negro, con letras que se leen ‘Ferrari’, mientras se sube a un Focus?

El dinero, no el papel moneda, es una herramienta demasiado poderosa, como para permitir que la mayoría ignore cómo es que funciona.

Es sólo con la madurez del entendimiento humano hacia nuestras relaciones sociales, que podremos saber cómo coordinar nuestro esfuerzo para asegurar un futuro.

¿Cómo explicarle al impresionable adolecente que el oro que brilla en el cuello del cantante de moda es pintado?

Ahora, la invención del plástico nos evita llenarnos los bolsillos de papel y metal, regresando al dinero de donde salió: nuestra conciencia. Ahora no se presume un status mostrando el monto del que se dispone, sino a la vista con el color de una tarjeta que tiene sus privilegios.

Los darwinistas sociales, ven la estructura económica como un sistema de selección natural que divide a los débiles de los fuertes, cuando en realidad, este pensamiento fanático donde el individuo lucha por su supervivencia social, es el que podría conducir a la destrucción de la propia humanidad, dado que la gente del futuro aun no existe, no puede competir por el aprovechamiento de los recursos naturales actuales en el mundo del aquí y ahora, donde se vale de todo.

Es indudable que no podemos hacer avanzar un vehículo llenando el tanque de billetes, así como es indigesto comer monedas. Es indudable que volver al trueque no es sólo impráctico, sino caro.

Necesitamos del intercambio de valores, del comercio, para aprovechar nuestra capacidad evolutiva que nos permita gozar de los frutos de la recolección, crianza y caza que otros hacen a cambio de valores.

Por eso, enterarse de que la moneda pierde valor es, para los entendidos, que no ha cambiado el juego especulativo inicial, que aquel que imprime papel sigue jugando con su valor a su antojo, y que cuando todos perdemos, ellos siguen ganando.

A la larga para ellos la riqueza es tierra, es comercio, es energía, es metálico, nunca son los fajos de billetes que uno se imagina resguardados en ultramodernas cajas fuertes suizas, ya que en el fondo, son papelitos de Monopolio.

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