Día del Padre (tarde, pero sin sueño)

junio 17, 2013

Se despertó mi retoño de 9 ese domingo y se fue a meterse a las cobijas conmigo, yo estaba en calidad de bulto a las 7 de la mañana, con la autoridad que tienen a esa edad, se rodeó con mi brazo y se acurrucó. Yo me desperté cuando la mano la tenía dormida y tuve qué moverme con mucho cuidado para no despertarlo. 

“Vamos bien”, pensé. 

Aunque la muletilla para salir a la calle, en domingo, fue el festejo, en el camino me puse a pensar en el cliché de estos, en cierta forma, tiene sentido gregario, de asociación, de “somos iguales”. Visto de esta forma, apoyo la existencia del día del padre, la madre, abuelo, compadre, vecino, tío, primo, y lo que se acumule, cada domingo de verano local, a cambio del día del oficio, que del albañil, abogado, cartero, policía, y anexas, como motivo para hacer especial un día genérico.

La clásica salida a comer a un buffet dominical, fue aderezada con motivos de orgullo cuando mis chamacos solos fueron a pedir “con tocino para mí y sin queso”, cuando ponían sus servilletas sobre el plato sucio para que se retirara, cada vez que dijeron por favor y gracias al mesero, y cuando me pidieron para la propina del señor de los huevos y la señora de las quesadillas. 

Aunque la queja general es que no hay manual para ser padres, el sentido común me dice que no hay qué inculcar reglas, sino valores, y estos son a machetazos de ejemplos. 

Desde que me seguían en pañales cuando entraba al baño a orinar, supe que aprenderían del ejemplo, obviamente, el peor ejemplo soy yo mismo, por lo cual trato de mejorar (que no aparentar) lo que creo yo, formará la conducta de mis plebes. 

Me encanta lidiar con mis Pollos, no son exigentes (mucho), saben que lo único seguro que tendrán mientras les dure, es mi amor incondicional. 

Esto incluye dejarlos caerse, enseñarlos a levantarse y muchas, muchas veces, darse cuenta que no soy superman, que soy un tipo como cualquier otro, con miedos, dudas y plagado de errores. 

Un acierto fueron sus nombres: armónicos, bonitos, normales. Que por poco se llamaban Gokú y Gohan, y ahora que escucho a chamacos con nombres como Yóstin, Anakin o Rayan (no Ryan: Rayan), me doy cuenta que hay cada idiota que..  

Llegará una etapa donde ya no les duelan las caídas en los juegos, sino los golpes de la vida. Trabajo diariamente para que ellos me sigan diciendo qué les duele, aunque a veces, hay qué hacerse a un lado para que aprendan a superarlo. 

Uno de tantos miedos míos es que poco a poco van aprendiendo por fuera y hay qué estar a las vivas con cada palabra nueva que traen a la casa, a saber que nos dicen cuando no hablan y sobre todo, qué es lo que los ilusiona. 

Algo que aún no puedo definir, es cómo sabré identificar qué es lo que apasione a cada uno, ¿cómo sabré cuando uno de ellos descubra qué le moverá los pensamientos y las tripas durante toda su vida y cómo voy a poder yo encaminarlo a que pueda explotar su pasión a máximo? 

Casi para acostarnos, sorprendí a mi primogénito cuando llevaba escoba, trapeador y desinfectante a su cuarto, “es que el perro hizo su gracia ahí y voy a limpiarlo”, me dijo. 

No dije nada, pero en el fondo pensé “vamos bien”.