Día del Padre (tarde, pero sin sueño)

junio 17, 2013

Se despertó mi retoño de 9 ese domingo y se fue a meterse a las cobijas conmigo, yo estaba en calidad de bulto a las 7 de la mañana, con la autoridad que tienen a esa edad, se rodeó con mi brazo y se acurrucó. Yo me desperté cuando la mano la tenía dormida y tuve qué moverme con mucho cuidado para no despertarlo. 

“Vamos bien”, pensé. 

Aunque la muletilla para salir a la calle, en domingo, fue el festejo, en el camino me puse a pensar en el cliché de estos, en cierta forma, tiene sentido gregario, de asociación, de “somos iguales”. Visto de esta forma, apoyo la existencia del día del padre, la madre, abuelo, compadre, vecino, tío, primo, y lo que se acumule, cada domingo de verano local, a cambio del día del oficio, que del albañil, abogado, cartero, policía, y anexas, como motivo para hacer especial un día genérico.

La clásica salida a comer a un buffet dominical, fue aderezada con motivos de orgullo cuando mis chamacos solos fueron a pedir “con tocino para mí y sin queso”, cuando ponían sus servilletas sobre el plato sucio para que se retirara, cada vez que dijeron por favor y gracias al mesero, y cuando me pidieron para la propina del señor de los huevos y la señora de las quesadillas. 

Aunque la queja general es que no hay manual para ser padres, el sentido común me dice que no hay qué inculcar reglas, sino valores, y estos son a machetazos de ejemplos. 

Desde que me seguían en pañales cuando entraba al baño a orinar, supe que aprenderían del ejemplo, obviamente, el peor ejemplo soy yo mismo, por lo cual trato de mejorar (que no aparentar) lo que creo yo, formará la conducta de mis plebes. 

Me encanta lidiar con mis Pollos, no son exigentes (mucho), saben que lo único seguro que tendrán mientras les dure, es mi amor incondicional. 

Esto incluye dejarlos caerse, enseñarlos a levantarse y muchas, muchas veces, darse cuenta que no soy superman, que soy un tipo como cualquier otro, con miedos, dudas y plagado de errores. 

Un acierto fueron sus nombres: armónicos, bonitos, normales. Que por poco se llamaban Gokú y Gohan, y ahora que escucho a chamacos con nombres como Yóstin, Anakin o Rayan (no Ryan: Rayan), me doy cuenta que hay cada idiota que..  

Llegará una etapa donde ya no les duelan las caídas en los juegos, sino los golpes de la vida. Trabajo diariamente para que ellos me sigan diciendo qué les duele, aunque a veces, hay qué hacerse a un lado para que aprendan a superarlo. 

Uno de tantos miedos míos es que poco a poco van aprendiendo por fuera y hay qué estar a las vivas con cada palabra nueva que traen a la casa, a saber que nos dicen cuando no hablan y sobre todo, qué es lo que los ilusiona. 

Algo que aún no puedo definir, es cómo sabré identificar qué es lo que apasione a cada uno, ¿cómo sabré cuando uno de ellos descubra qué le moverá los pensamientos y las tripas durante toda su vida y cómo voy a poder yo encaminarlo a que pueda explotar su pasión a máximo? 

Casi para acostarnos, sorprendí a mi primogénito cuando llevaba escoba, trapeador y desinfectante a su cuarto, “es que el perro hizo su gracia ahí y voy a limpiarlo”, me dijo. 

No dije nada, pero en el fondo pensé “vamos bien”. 

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Hoy me senté a comer solo.

mayo 31, 2013

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Como otras veces, extendí mi tenedor, cuchillo y me dispuse a darme ese placer que cada uno experimenta de forma singular. Asimilar el exterior del mundo y hacerlo mi combustible, es un instinto que, como el más arraigado de nuestros instintos, si no funcionara, no estaríamos aquí. Comer es primordial.

Más que dormir, más que volar, vaya, más que el sexo, comer ha sido siempre uno de los placeres que disfruto de forma muy especial, aunque sea algo que hago, por fortuna, más de una vez todos los días (salvo contadas excepciones), no termino de maravillarme con las texturas, aromas y temperaturas de la comida en cuestión, cada comida es un suceso en la boca. Me siento como Remi de Ratatouille. Mi cinturón da cuenta de ello.

He comido en aviones en el aire, en camiones en movimiento, en barcos fondeados, en puestos de hot dogs debajo de un puente, en lugares donde no se debe, en el carro manejando, codo a codo con otro hambreado en mesas de 50 personas, enrollado en una cobija sin más esfuerzo que mover la mandíbula, en bares, en lugares donde no te atienden sin corbata, hasta sentado a la orilla de algún camino.

Cada que tengo la oportunidad de conocer otros lugares, más que la camiseta pedorra, o el llaverito que termina en un cajón olvidado, me traigo un sabor que desconocía antes de llegar allá, regreso invadido de aromas y sabores nuevos, y al final, prefiero que esos sean parte primordial de mi experiencia de vida que otras cosas prácticas y banales, como que si le pisas la cola al perro este te muerde, o el saber que si no pago la luz a tiempo me la cortan.

Yo quiero coleccionar sabores y aromas, ¿y saben qué? Me he vuelto muy bueno en ello.

Contrario a lo que dicen los doctores, comer no tiene hora, yo lo hecho a medianoche, de madrugada, en pleno rayo del Sol, y alguna vez descubrí el amanecer mientras me echaba algo para el desempance o mientras aprovechaba para no andar con el estómago vacío a sabiendas que me esperaba un largo día.

Dicen que el alimento nutre el cuerpo, y la charla entre iguales, el espíritu, es en la sobremesa donde en verdad conoces a tus compañeros comensales, aprendes de sus manías, de la atención al pasarte una servilleta, hasta de los ruidos que hacen al meterse el bocado, es como una radiografía para el que puede ver, de cómo se educó cierta persona, cómo lo trataban en su casa de niño, o cómo lo mandaron a trabajar ese día. Vaya, hasta los chismes más sabrosos se cuentan a la hora de comer.

Obviamente, no todas las comidas son iguales, independientemente que los afortunados nos demos desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena, no es igual compartir unos diplomáticos tacos entre camaradas, una carne asada con los padres, la cena de fin de año cuando hay que aguantarse el discurso del jefe, el desayuno diario con los hijos, quienes sin que nadie se dé cuenta, absorben cada manía y detalle paterno, como esponjas, o esa comida junto a esa persona con la que andamos quedando bien y hay qué lucir las finas maneras.

Honestamente, yo no confiaría en alguien que abiertamente odie la comida, no por el hecho de que proyecte sus complejos de gordo, sino porque siendo algo tan natural, qué más da el que nos sentemos a disfrutarlo. Es decir, nadie dice que odia el dormir, o el reír.

Aunque.. hay cosas que hacemos sentados también, que es mejor hacerlas solo, como el entronarse leyendo un periódico. Y esas, aunque lo niegue todo el mundo, bien hechas, son un verdadero placer, ¿a poco no?

Hoy, por azares del día, me tocó comer solo.

Y no fue porque los de producción no le hablan a los de maquila, o los del muelle no se llevan con los de Contabilidad, no. Después de conocer tanta gente, me ha llegado a valer el título del que come junto a mí, si su comida es preparada en casa o comprada, si es carne o frijoles. Conque no hable con la boca llena, ni de futbol, ni de política, siempre es alguien con quien disfrutaría compartir algunas charras al momento de sentarse a comer.

No es un contrato social, es la vida misma recordándonos quién manda, los remedos de solemnidad los impusimos nosotros.

Bueno, hoy, simplemente, me encontré frente a un comedor vacío mientras todo el mundo trabajaba en sus lugares, así que me dispuse a adueñarme de mi sitio, es verdad, cuando comes solo te das licencias, comes bocados más grandes, masticas a diferente ritmo, tienes todas las servilletas del mundo a tu alcance.

Pero llega ese momento, en donde no externas un pensamiento, donde la idea que te acaba de ocurrir no sale de tu boca porque no hay nadie que te haga eco.

Simplemente, estás solo.

Y antes de empezar a batallar con pendientes y anticipar el regreso a la oficina, antes de amargarme la comida pensando en lo que costó, pensé: ¿qué es esto tan necesario?

Desde que empecé a ganar dinero, lo medía en lo que podía comprar para comérmelo, ya fueran chuchulucos, sodas, invitarle a alguien ese coctel de fruta que me encanta, pero en el fondo, siempre supe que comer, más que un placer de dioses, es una forma de comunión con los demás.

“No estás solo”, dice el político en campaña, o el terapeuta en la línea de suicidas. Pero nada de esto tiene tanto sentido como el masticar ese bocado que alguien, o uno mismo, preparó, cocinó y puso en un plato, porque muchas personas hicieron su parte para cumplir con un objetivo, directa o indirectamente relacionado al momento en el que ese recipiente y yo coincidimos en esa mesa.

Si somos lo que comemos, ¿qué soy yo en ese momento? ¿Qué seré mañana?

En ese momento, me sentí humilde, pequeño, parte de algo más grande que, espero algún día, si no comprenderlo, conocerlo al menos. Recordé a muchas personas con las que he compartido mesa, sillas y momentos.

Incluso, hice cuenta de varias personas con las que me gustaría sentarme a comer, otras más con las que nunca lo he hecho.

Y mientras trataba de convencerme en las trabas que darían el tiempo, la distancia y las formas para ello, una voz interior me decía: estás condicionándote el moler y llenar de bacterias y ácido un alimento que les servirá para lo mismo.

A veces opino que pienso con el estómago. 


No es otra acostumbrada queja de inicio de año por la Tenencia

mayo 22, 2013

Disclaimer: Esta es la columna de Usos y Costumbres que apareció en el ejemplar de enero de la revista Reportaje.

¿Alguno de ustedes, gentiles lectores, sabe dónde y a qué hora la señora Lolita Ayala toma sus alimentos? Me gustaría hablarle de hemorroides y tripas supurantes mientras come.

Se fue Calderón y de su promesa para abrogar el impuesto sobre la tenencia vehicular, sólo nos queda la lona de campaña con su sonriente faz, y el saber que ahora los vehículos con valor mayor a 250,000 pesos ya son sujetos a ella.

La historia de la génesis de dicho impuesto es harto conocida, y no es misterio que dada su naturaleza puramente recaudatoria, se haya perpetuado. Por lo cual, buscando la conciliación, el punto medio pues, para que el caudal monetario no se corte de tajo, no asfixiar a nuestro gobierno, y lograr que el contribuyente siga aportando gustosamente, propongo lo siguiente a cambio de derogar la tenencia:

Placas Personalizadas

Así es, dado que el contribuyente no puede escapar del hecho de que invariablemente debe aportar el impuesto que le permita gozar de sus derechos de tránsito, y el gobierno a su vez debe seguir haciendo eso que hacen los gobiernos (cobrar). Esta solución me parece, no sólo creativa, sino atractiva comercialmente hablando.

Me explico, digamos que usted es dueño de una flotilla de vehículos repartidores, o dueño de varios taxis o camiones de transporte público (bien, estos últimos no, quedémonos en camiones repartidores), y le interesa que dichos camiones sean identificados no sólo con un número económico interno, sino para agilizar también trámites de reemplacamiento, de aseguradoras, etc. Qué mejor que poder contar con placas oficiales que recen algo como PLACA01, PLACA02 y así sucesivamente.

Ahora también, usted acaba de comprar un auto, ya sea de agencia o de segunda mano, y quiere que no sólo el auto refleje que usted tiene identidad, poderío y un pincel que raya de todo, y no le basta con esos spóilers color verde pistache y esas calcomanías de manzanas mordidas, sino que se necesita dar un paso más allá, dándole identidad al vehículo, que las calles conozcan su nombre, así que en vez de ponerle una pegatina genérica y del montón que diga AN-01-666 le procura una identificación única y legal que diga JUANCHO.

Y si soy de esas empresas que gustan donar al Teletón, qué mejor que asegurarme que la flotilla de Sabrolino no use placas de Dulces Maguito, pagando los correspondientes derechos ante la autoridad.

Pero, pasan los años, y la flotilla original envejece, y hay que sustituir el parque vehicular, igualmente, JUANCHO ya sentó cabeza y ahora necesita portar la identidad a un vehículo con cuatro puertas y espacio para portabebés. Para esto, hacen su gestión ante la autoridad correspondiente, donde migran las placas a vehículos nuevos mientras se dan de baja los antiguos, acreditados con el mismo propietario respectivamente.

La palabra clave: Derechos, esta modalidad no es gratis, conlleva costos de producción, manejo y administración, para lo cual, después de un estudio de factibilidad, posicionamiento, y por qué no, de mercadeo, el gobierno podría implementarla.

De la misma forma, serviría para identificar más fácilmente esos camionetones que gustan de utilizar nuestras autoridades, como es común encontrar vehículos oficiales en albercas, o en malls del vecino país un domingo cualquiera, y las calcomanías actuales de acrónimos crípticos son fáciles de esconder. Pero que no sepan las autoridades que esto nos sirve a los ciudadanos para identificarlos más fácil.

Sin embargo, esta modalidad por sí sola no resuelve el problema de fondo, que es la falta de recaudación. Esta no se debe a que no haya el suficiente padrón vehicular que sustente el insaciable aparato burocrático, el problema de fondo es que las autoridades le cargan la mano al que cumple, sin exigirle al que no cumple. Hay vehículos con placas extranjeras vencidas que circulan impunemente.

Yo preferiría pagar adicional para tener mis placas únicas que tener qué pagar tarifas extra por derecho a poseer un vehículo que yo estoy pagando, porque a final de cuentas, ¿pagar por el derecho de tener algo que compré con mi dinero? ¿Dónde estamos? ¿China?


Dinero

febrero 26, 2013

Disclaimer. Esta es primer artículo de mi columna, la cual apareció en el primer tomo de la Revista Reportaje en diciembre de 2012.

 

 

En una mesa de libros usados, un padre le decía a su hijo –“No los agarres, quien sabe quién más los haya agarrado”. No resistí preguntarle al padre – “¿Cómo le dices con los billetes?”

El dinero es una creación mental, es creación humana. No hay ningún otro ser viviente que le otorgue valor a algún objeto inanimado y utilice conchas, metales o papel como “depósito de valor” en algún complejo sistema de intercambio social. No existe ninguna Mano Invisible ni Acto Divino donde se usa dinero. El sistema monetario es un sistema lógico donde todo lo que ocurre es perfectamente explicable.

El dinero también es un “bien público” donde todos lo aceptamos como intercambio de bienes y servicios reales. Dirige nuestras actividades cotidianas.

Lo que la gente necesita entender es que nuevo dinero es fabricado todos los días y que aquellos con el poder de maquilarlo deben ser vigilados, regulados, para asegurarse de que estén fabricándolo para beneficio de todos y no solo para su propio enriquecimiento.

Roosvelt, en la Gran Depresión estadounidense, sabía que no había que dejar en manos de especuladores el control de su mercado de dinero, ya que lo usarían para hacer apuestas irreales en vez de hacer inversiones realistas, es por esto que formuló y aprobó sus reformas financieras en la década de los 30’s.

No hay que olvidar ese fue el primer país que dejó de respaldar su moneda corriente en metálico, iniciando con la maquila del billete verde de forma industrial, estableciendo su valor “a la palabra”.

La educación básica, pues, debería incluir la enseñanza de cómo se crea el dinero, o cómo es que la riqueza sale en pliegos, se corta en trozos, se amarra en fajos y cómo es que se distribuye. Sin embargo, este bien social, ¿debe ser explicado como una comodidad para proporcionar satisfactores, la mango del sartén en la convivencia social, o un símbolo de status?

¿Cómo aproximarnos a aquellos de mochila al hombro que deambulan con audífonos conectados a sus electrónicos de última generación y un mapa mental de lugares con internet gratis, mientras eligen entre pagar transporte, alimentarse, o comprar tiempo aire con el dinero en su bolsillo?

Es muy irónico leer twits diciendo ‘No traigo para el micro, alguien que me dé raite a la escuela’ escrito en un celular que vale lo mismo que un carro pequeño.

¿Cómo cambiar la ideología de los que crecieron en las filas de tres horas los fines de semana para cruzar la garita de San Ysidro para presenciar cómo el papá se acababa la quincena en 4 horas con singular frenesí aspiracional?

Da miedo saber que el tipo que te pide prestado a media semana porque ‘fue al otro lado y se gastó la quincena con una tele que estaba en especial y no lo llevaba contemplado’, tiene personas que comerán dependiendo de sus habilidades para administrar el dinero.

¿Es válido reírse del tipo que luce su chamarra de cuero rojo y negro, con letras que se leen ‘Ferrari’, mientras se sube a un Focus?

El dinero, no el papel moneda, es una herramienta demasiado poderosa, como para permitir que la mayoría ignore cómo es que funciona.

Es sólo con la madurez del entendimiento humano hacia nuestras relaciones sociales, que podremos saber cómo coordinar nuestro esfuerzo para asegurar un futuro.

¿Cómo explicarle al impresionable adolecente que el oro que brilla en el cuello del cantante de moda es pintado?

Ahora, la invención del plástico nos evita llenarnos los bolsillos de papel y metal, regresando al dinero de donde salió: nuestra conciencia. Ahora no se presume un status mostrando el monto del que se dispone, sino a la vista con el color de una tarjeta que tiene sus privilegios.

Los darwinistas sociales, ven la estructura económica como un sistema de selección natural que divide a los débiles de los fuertes, cuando en realidad, este pensamiento fanático donde el individuo lucha por su supervivencia social, es el que podría conducir a la destrucción de la propia humanidad, dado que la gente del futuro aun no existe, no puede competir por el aprovechamiento de los recursos naturales actuales en el mundo del aquí y ahora, donde se vale de todo.

Es indudable que no podemos hacer avanzar un vehículo llenando el tanque de billetes, así como es indigesto comer monedas. Es indudable que volver al trueque no es sólo impráctico, sino caro.

Necesitamos del intercambio de valores, del comercio, para aprovechar nuestra capacidad evolutiva que nos permita gozar de los frutos de la recolección, crianza y caza que otros hacen a cambio de valores.

Por eso, enterarse de que la moneda pierde valor es, para los entendidos, que no ha cambiado el juego especulativo inicial, que aquel que imprime papel sigue jugando con su valor a su antojo, y que cuando todos perdemos, ellos siguen ganando.

A la larga para ellos la riqueza es tierra, es comercio, es energía, es metálico, nunca son los fajos de billetes que uno se imagina resguardados en ultramodernas cajas fuertes suizas, ya que en el fondo, son papelitos de Monopolio.


Morning..

mayo 28, 2010

Crecí en las casas de las abuelas, una vive en la Aduana y otra vivía en la Márquez de León. Las dos en la punta de un cerro, las dos con ventanas que daban al mar.

Obviamente, con la materna, la de la Aduana, podía oler la brisa del mar, con la paterna, la de Márquez de León, sentía al pasar de los años cómo el zumbido de la ciudad se hacía más notorio, más difícil de ignorar.

Recuerdo esa mancha de agua que se miraba al fondo, crecí viéndola todos los días.

Irónicamente, trabajé al lado del mar por once años, y fue cuando menos lo aprecié, fueron pocas las veces por las que caminé por un andador disfrutando de verdad el reflejo del sol en el agua con ese olor a sal.

Las veces que he viajado a esos lugares que nos bañados por el mar, siempre he terminado extrañando esa alfombra inquieta, esa lengua de Sol que siempre apunta a mí.

Algunas veces he estado embarcado, y recuerdo ver las islas como imperfecciones en el agua, como granos en la piel. Y al volver a tierra, sentir cómo me tragaban las calles, los edificios, separándome de ese suelo móvil.

Hoy fui consciente de ese hecho otra vez, y me agrada.


Coincidencia desafortunada..

abril 28, 2009

Es como esos anuncios de Cartoon Networks..

 

Es un abogado que se hace el payaso mientras vuela con mariguana.

O

Es un mariguano que se siente abogado mientras se hace el payaso.

O

Es un payaso que aboga por volar con mariguana.

En fin.. hacen lo que se les hincha.

 


12,000 Días vivo, ¿Cómo Estás?

noviembre 13, 2008

Cuando recién salió, me hice de una bonita Palm Tungsten T3 por los ayeres de.. de… ¡veerga, hace un chingo que ni me acuerdo!

Bueh, no me voy a poner a ahondar en el hecho de que como se la compré en eBay a un cabrón distribuidor en Singapur, con el número de guía estuve siguiendo como enfermo cada 5 segundos con la magia del F5 dónde estaba tan preciado aparatito que me hizo jubilar de una vez y para siempre el Clip On de Motorola que felizmente cargaba mi StarTac que me rehusaba.. también a jubilar.

Tampoco por el irónico hecho de que cruzó el Oceáno Pacífico en una semana y que estuvo dos semanas dos en la aduana mexicana en importación. Ni cómo me hice amiguiwis de la muchacha que atendía el teléfono de la mensajería que la iba a traer, llamándole cada 30 minutos hasta que me dijo los horarios en los que les llegaba la paquetería y no se encabronaba porque le llamaba dos segundos después de la hora.

En fin, llegó, ella me llamó (gran gesto de su parte, sólo ocupaba esa llamada para deshacerse de otro geek desesperado como perra en celo), aventé lo que estaba haciendo en ese momento para ir a recogerla (a la Palm) y casi choco en el camino de regreso porque manejar con una mano y un ojo en el camino no es buena idea.

El asunto es que probando las gracias del aparatito (VIBRA!! WOOW!!, TIENE DIFERENTES ALARMAAS!! WOOW!!) descubrí cómo manejaba los archivos del Office.

En un ataque infinito de ocio en el Excel, y no recuerdo detalles, agendé en ella para el día de hoy Jueves 13 de noviembre del 2008, el bonito texto

12,000 días vivo. ¿Cómo estás?

Así, sin más.. ni tan significativo como el cumpleaños, ni tan rompemadres como un aniversario, simplemente, me gustó el número por un significado numerológico que si lo explico me van a decir que qué mamada.

Siendo “lapalm” el aparato que más me ha durado, que mis hijos crecieron viendo cómo escribo en ese cacharro rayado de aluminio y que aun sigue siendo lo último que veo en la noche porque la uso para leer y lo primero que oigo en la mañana porque la uso de despertador, que aguantó pasar tres días en el sol un día que se me olvidó, que se me cayó de un carro en movimiento, que lo primero que saco de la guantera cuando me subo a otro carro es el cable para cargarla. Creo que sólo por eso me tomaré la molestia de este ejercicio.

Ahora bien, ¿cómo estoy?

Si me pongo a pensar en cómo estoy a 12,000 días de haber nacido. Puedo resumirlo en Más Viejo, Menos Amargado (sí), Calvo en donde se ve y Greñudo donde no, Miope, Bilingüe y 1000% geek.

Pero eso cualquiera, ¿no?

Gogleando, me encuentro con que esta madre salió en el 2003. De ese año para acá, han pasado cosas interesantes que si bien no son hecho de novela, sí me recuerdan a cuando Los Simpsons eran buen material para ver.

Hoy estamos sumergidos en una “crisis global” causada porque unos peces gordos se pusieron a hacerle a la usura sólo para descubrir que al paso de los años la gente no puede pagar lo que pensaban les pertenecía y ahora hace falta dinero para mantener ese establishment a flote. La crisis actual no es otra cosa mas que deudas sin pagar que se volvieron una megacartera vencida entre cacas grandes, es todo.

Dicha crisis, me tiene en unas bien merecidas vacaciones desde septiembre 4, quisiera empezar a divagar por ahí:

No me arrepiento ni por un segundo el haber dejado el lugar que me dio de comer por casi once años. Me operaron tres veces, sacudí mi matrimonio, tuve dos hijos, compré tres carros, tres computadoras y como doce celulares mientras trabajé ahí, por decir algo. Hice ese trabajo con mucho gusto, sin embargo, nunca me sentí en “lo mío”. Hoy, vivo de lo que le saco al cajero y para navidad voy a andar sin un quinto si no me pongo a hacer algo. Pero de momento, sentado en arrogancia, sigo pensando que si me salgo a vender botellones de agua en la calle voy a hacerme de un ingreso, el dinero no conoce de status, así que el glamour de trabajar no me interesa. Pero cada mañana pienso “lo haré mañana”.

Del 2003 a hoy, he aprendido a ser un poco más paciente, a conocer mis límites, a encabronarme por no saber, aprendí a callarme, y aprendí cómo y (más importante) cuándo gritar, aprendí a aceptar los cambios, aprendí a dejar ir, aprendí a cargar un bebé en cada brazo, me reconcilié con mi niñez, aprendí a jugar solo y a jugar en equipo, a hacer labores de plomería (cosa que odio, mi asignatura pendiente es aprender a cambiar el aceite del carro), a no odiar a las mascotas y a lidiar con perros muertos como si llovieran del cielo mientras mis hijos se enojaban porque les decía que los regalaba, antes me buscaban por ayuda para sus tareas, ahora me buscan para hacer tareas.. para los hijos.

Ahora soy capaz de mantener una conversación civilizada con un niño sin que me exaspere, hoy puedo tumbar y levantar una casa con mis manos, descubrí cómo me gusta la cocina, cómo es que mi nivel de ñoñéz impone como nerd viejo sobre los nerditos wannabe de hoy (es decir, por más chingón que seas jugando hoy Gears Of War 2, no se compara haber estado ahí cuando el PacMan se jugaba comprando monedas con muescas).

Esta semana ha sido especial, encontré y maté una rata de 40 centímetros de cabeza a cola en mi casa, que sigo son saber a qué hora se metió, me senté emocionado sin decir nada a ver cómo mi plebe de casi 7 enseñaba a su hermano de 5 a abrocharse las agujetas mientras el reloj me decía que ya no alcanzaba a llegar a la primaria, reformatée mi PCera por segunda vez como los hombres: buscando los drivers a pelo porque perdí el disco de instalación, aprecié después de mucho tiempo el ritual de sentarte a disfrutar una taza de café y después de años de no hacerlo, me senté a disfrutar música, a apreciar los matices del sonido, los ritmos, los instrumentos, sin hacer nada mas que cerrar los ojos y escuchar.

Hablando de música, me da gusto no haber sido otra perra consumista de Soda Stereo, cuando su música y su reencuentro fue solo tocar de nuevo lo que puedes bajar de internet como conciertos viejos, sabes que tu grupo ya se fue al caño. Me considero fan, una perra de Cerati y me gusta su música. Pero nunca me pasó por la cabeza ir a verlos si no tocaban, al menos, con arreglos nuevos. Qué bueno que no fui, Soda Stereo dejó de sacar material interesante para mí después del último concierto. Y me recagó tener qué rippear el dvd para sacarle las rolas que no venían en los CD´s.

Recuerdo cuando cumplí 18. Que me preguntaba cómo sería yo a los 30. Me tendría nuevas: anímicamente soy exactamente igual que a los 18. Me siguen encabronando casi las mismas cosas que entonces: la pendejéz, la gente, el tráfico, la música agropecuaria, los cabrones que quieren imponerme su punto de vista, la gente trepadora, la gente lamesuelas, los libros malos, las películas mexicanas.. y algo que no deja de sorprenderme y no deja de ser cagante, es la cantidad de gente que quiere parecerse a Gloria Trevi entonces y ahora. Tengo los mismos amigos que antes, y al modo, los cuento con los dedos de la misma mano y nos vemos cada vez menos, pero cada vez con más gusto y ya nos empedamos con menos, tengo más conocidos, tengo más anécdotas de camino, de cantina, de pañales y de oficina. En el fondo, sigo siendo el mismo chamaco que duerme mirando al techo pensando que mañana será otro día.

Pero el mundo hoy, en términos de tecnología, va por buen camino a ser como lo soñaba en aquel entonces.

¡La comida! Ya no es solamente tragarse todo un kilo de carne sin masticarla siquiera, ahora ya la marino tantito y sé cómo disfrutar algo que debería ser natural.

Y hablando de cosas naturales, debería hablar de sexo, pero.. si los dos lectores de esta madre quieren morbo, váyanse a ver porno a otro lado.

Hay un montón de cosas que faltan por aprender, chingaderas por hacer y sucesos qué ver.

Sacarle juguito al Photoshop, al Corel, al Premiere, al Flash, manejar una cámara en modo manual, aprenderme los lenguajes de programación actuales, independizarme económicamente sin patrón de ningún tipo, comprar una isla y largarme ahí, hacer mi búnker, atacar a las capitales más poderosas del mundo y erigirme como su supremo.. err.. creo que ya me fui demasiado lejos.

Siendo optimista, y sorprendido por el hecho de que tenga alcance hasta entonces, pero no creo que use el mismo aparato, pongo en la Palm mi día número 18,000 en el 18 de abril del 2025.

Que, según http://www.deathclock.com/, si voy a alcanzar a verlo.

deathclock